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ÉRASE UNA VEZ Imprimir E-mail
Escrito por Natividad Vizcarra   
25.06.2012

Había una vez un joven en un pueblo que era un "alma de Dios" pues a todos trataba con mucho respeto y amabilidad, aunque no pecaba de ser muy listo, lo que lo hacía fácil presa de los encaminadores de almas. Cuando pasaba por donde estaba una bola de vagos taxistas, éstos le gritaban--- ¡ Qué pasó mi candidato ¡ ¿Cómo está usted ?---- Muy bien-- contesta, - ¿y ustedes?----Pues aquí esperando que se decida a aceptar la invitación a participar en las próximas elecciones porque gente como usted no hay dos. Mire que usted es el más indicado para que sea nuestro próximo presidente municipal, ya sabe, nosotros lo apoyamos. El sujeto, sólo se reía y agradecía a los taxistas. Los mismos se encargaron de decirle a todos sus amigos y conocidos, la broma que le estaban haciendo al pobre individuo.

Así cundió el hecho de que cada vez que pasaba por donde se reunía algún grupo de personas, éstos le gritaban ¡ Quihubo mi candidato! A lo que el mencionado respondía con regalos como refrescos y tortas. Su origen humilde empezó a usar como estandarte para dar a conocer su intención de contender por un puesto de elección en algún momento. Lo que no sabían los encaminadores de almas, es que le iba a funcionar la estrategia de tal manera que se convirtió rápidamente en el " Golden Boy" de la política local. Logró primero una regiduría, luego una sindicatura y así fue ascendiendo en los puestos públicos. La gente lo aclamaba y lo arropaba. A los treinta y tantos años llegó a ser presidente municipal de su pueblo natal, después de ser diputado y la broma se convirtió en realidad. Pero para ello, se enfrascó en una contienda interna con un compañero de partido que ya tenía rato haciendo fila para ser candidateado. Se hizo la charamusca y tinto en sangre obtuvo el nombramiento para enfrentar a un férreo aspirante a la silla máxima del municipio por el partido opositor. En un enredo del comité ejecutivo municipal y después del conteo de votos se le dio como ganador con algo así de más de cuatrocientos sufragios. El contrincante pidió se repitiera el proceso y no salieron las cuentas. Resulta que el nuevo conteo le favoreció a su opositor al que le entregaron el acta de presidente electo por mayoría. Aquí se puso buena la cosa, porque se fueron a los tribunales electorales que al final decidió a su favor, quitándole el documento a su contrincante y nombrándolo presidente municipal. Al inicio de sus funciones como primera autoridad, todo era miel sobre hojuelas para el "Golden Boy". Sin embargo, al poco tiempo y con la experiencia de que se vive mejor del dinero de los demás, de ser un joven de origen humilde que deseaba servir a la comunidad pasó a ser el rey de su propio Reino de Fantasía.

El poder lo cegó y empezó a actuar de forma arbitraria y prepotente. Dejó de interesarle lo que pasaba con la gente que lo escogió como representante y ni a los taxistas saludaba cuando le gritaban ¡ Señor Presidente, ¿Cómo ha estado? Volteando para otra parte como si el divino le hablara. Empezó a despilfarrar todo el dinero del municipio y hacer negocios y compromisos ilegales que afectaban a sus representados, amparado en su figura como funcionario público. Como ya se creyó el rey del reino de la fantasía, consideró que necesitaba una princesa para compartir el trono. Se dedicó a buscar entre las mujeres más bellas y después de un arduo trabajo de selección decidió escoger a una. La boda real tenía que pagarla el pueblo y de manera ostentosa la llevó a cabo en un lugar paradisiaco, lleno de brisa. Siguió desfalcando a medio mundo entre ellos a sus trabajadores. Cometió fraudes en todas las dependencias y se hizo de una fortuna considerable. El pueblo (su reino) se convirtió en un lugar sin ley y las autoridades sólo las usaba para reprimir a quienes no estaban de acuerdo con él. Elevó las multas por faltas en la conducción de vehículos, dando pie a que los señores justicia recabaran en un día más de lo que ganaban en un mes. Como siempre pasa, a quien más afectaban era a los más débiles o pobres porque por los arreglos extraoficiales con cierta gente, les permitía a estos últimos estar por encima de la ley, aún en presencia de los encargados de la seguridad del reino. Sus compañeros jalándose los cabellos, querían hacerlo entrar en razón, sin resultados positivos. Le decían que el puesto no era para siempre y que él no era un rey.

Al final de su gobierno el ayuntamiento estaba en bancarrota y no había dinero ni para pagarle a sus acreedores. Considerando eso, en una reunión de emergencia de sus consejeros decidieron nombrar como candidato a sucederlo a alguien que le cubriera todas sus fechorías. El nuevo prospecto debía ser una persona que le permitiera cumplir una más de las locuras del rey, no dejar el poder y ser "secretario particular" en caso de ganar las elecciones para protegerse de la segura persecución de la ley por sus atropellos…..

Continuará después del primero de Julio

 

 

 



 

 
 
 
 
 
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